el regreso de los beach boys

El Regreso de los Beach Boys

A la pregunta de qué han estado haciendo estos hombres en todo este tiempo, reacios a entrar en un estudio para trabajar mano a mano. La respuesta es demasiado compleja como para abordarla en unas pocas líneas, pero las desapariciones de Dennis y Carl y las disputas entre los miembros de la banda, no habían ayudado a que se diera tal circunstancia. seguir leyendo…

 

 

 

 

¡Esta noche no, es que tengo dolor de cabeza!

Aunque esta expresión ha dado para todo tipo de comentarios y chistes, esconde un problema que puede ser realmente serio para cualquier pareja.

“Ya estoy muy vieja para esas cosas”, dice Mercedes, una mujer separada, de 47 años y con tres hijos, cuando le preguntan por su vida sexual. Parece que a ella no le interesa ningún hombre desde que se divorció de su segundo esposo hace siete años, pero tampoco le preocupa la desaparición de su apetito sexual, que según ella ha sido reemplazado por sus ocupaciones profesionales y maternales.

Para ella, el sexo aparentemente fue borrado de la vida, bajo el disfraz de una supuesta “vejez” que la aleja de cualquier situación de alcoba. Entre líneas, se leería como que los placeres de la carne y la hormona son propiedad exclusiva de los jóvenes, pues los demás estarían condenados a una vida que, hasta donde llega la premisa de Mercedes, no podría ser más que asexuada.

Aunque “hay muchas mujeres que conservan un muy buen apetito en plena menopausia, otras lo pierden por factores emocionales, aparte de los hormonales, como la depresión o por problemas con su pareja”, según afirma el sexólogo Fernando Bohórquez. Por eso Mercedes es un ejemplo de los miles de mujeres que pierden su deseo sexual.

Sin embargo, esta situación puede surgir tanto en la menopausia como antes de ella, por razones diferentes. “La pérdida de la libido es un asunto mixto (psicológico y fisiológico), pero parece que tiene mayor repercusión la parte psicológica”, dice el sexólogo. Y se da no sólo en solteros (solteras, en este caso) sino también en casados
Es un “mal” (y cuando digo “mal”, va en serio) que afecta a personas de todas las edades y que tiene raíces diversas, que privan de aquello que la mayoría acusa como uno de los grandes placeres de la vida: el sexo. Un placer que ya sea efímero, prolongado, irresponsable, seguro, estable o multitudinario, es definitivamente una parte activa en la vida de cualquier mujer. “En el periodo posmenopáusico existe una disminución del 25 por ciento en promedio de los niveles de testosterona, lo cual condiciona alteraciones en la libido”, asegura el ginecólogo-endocrinólogo Sergio Alvernia.

No obstante, también muchas mujeres en edades más tempranas aseguran haber perdido sus impulsos sexuales, por lo que “tienen generalmente una causa de índole psicológica o psico-afectiva, ya que en este tipo de pacientes no existe una deficiencia hormonal como tal”, continúa el ginecólogo.

Sea la razón que sea, hasta ahora las ayudas para combatir las deficiencias sexuales habían sido casi exclusivamente orientadas hacia los hombres, en donde parecía que la entrepierna masculina era la única protagonista de cualquier acción u omisión en estas lides, hasta el punto de convertirla en víctima o victimaria de los goces propios de las sábanas.

Sin embargo, desde hace algunos años se vienen investigando las sustancias que, como el Viagra (para los varones), ayudan a superar los inconvenientes femeninos a la hora de alcanzar el deseo y por ende el éxtasis sexual.Y es que en esta carrera “armamentista” por la última pócima de amor, los laboratorios y los científicos se han propuesto encontrar soluciones “milagrosas” que arreglen cualquier problema de esta índole.
Cremas, parches, aerosoles y lociones, buscan acabar con aquella manida excusa: “hoy no, que tengo dolor de cabeza”. La meta es extinguir esa extraña y sospechosa cefalea, que mata la pasión y de paso el matrimonio. No obstante, el sexólogo Fernando Bohórquez ubica la posible contribución de estos métodos así: “En lo que pueden ayudar, es en evitar que el roce sea doloroso (al lubricar), por lo que puede que eso termine dando un tiempo para que el estímulo, al no ser agresivo, se convierta en agradable”.

Aunque se habla del efecto placebo de muchos de estos productos, parece que la auténtica revolución la traen los parches de testosterona. Según se determinó en los últimos estudios desarrollados por la Escuela Médica Robert Wood Johnson (de Nueva Jersey), las usuarias con menopausia y libido baja incrementaron al cuádruple sus actividades sexuales, aparte de que reportaron un aumento en los niveles de placer y en el número de orgasmos. Sin embargo, este tipo de tratamientos se debe usar sólo “cuando se documenta una deficiencia de testosterona, porque de lo contrario pueden inducirse más riesgos que beneficios”, según indica el ginecólogo Sergio Alvernia.

Además, como efecto colateral, pueden desencadenar una irritación en la zona en la que se pegó el parche o un exceso de vello facial.Del otro lado de la góndola de este mercado del rescate del éxtasis están las cremas de aplicación tópica. Es el caso de Viacréme, una suerte de gel producido por una empresa belga, que se administra directamente en el área en cuestión (el clítoris) antes del coito, y que, según prometen sus fabricantes, provoca una “vasodilatación” que supuestamente aumenta la sensibilidad.
Sin embargo, todavía no existen evidencias confiables de sus efectos, por lo que no se vende como medicamento sino como cosmético. Ahora bien, una verdadera gama de productos de este tipo prolifera en Internet y todos prometen ser la llave mágica que abre las puertas del cielo, pero la confiabilidad de los mismos es puesta en duda por los especialistas. Por lo que la solución a la falta de deseo es mucho más compleja que la mera aplicación de una sustancia o del aumento en los niveles hormonales, así estos últimos tratamientos demuestren alguna eficacia.

En tal sentido, la mejor vía para superar esta clase de problemas es por medio de un sondeo emocional, “que identifique mediante terapias las situaciones traumáticas que están inconscientes para volverlas conscientes, y que de esta manera la persona pueda superarlas”, indica el psiquiatra Germán Aguirre.

En los casos de mujeres que no hayan alcanzado la menopausia, usualmente no existen trastornos hormonales que inhiban el apetito sexual, pues “a edades relativamente tempranas no hay ninguna explicación fisiológica para que la mujer pierda la libido.

Sin embargo -continúa el psiquiatra-, sí se puede perder por factores emocionales, debido a las situaciones de estrés que enfrentan las mujeres”. El sexólogo Fernando Bohórquez agrega que “la libido no necesariamente está relacionada con la edad, pues el deseo sexual depende de ciertas condiciones para mantener un buen nivel de entusiasmo, como una serie de estímulos físicos y afectivos”.

Así que la conclusión parece ser que el deseo y la excitación femenina se relacionan tanto con la pareja, como con las vivencias pasadas; todo aderezado con una carga hormonal suficiente. Aunque puede ser más simple, pues como dice el psiquiatra Aguirre: “La gran mayoría de las mujeres reacciona ante el amor y la ternura”. Igual, si le preguntan a Mercedes, ella responderá: “Yo ya estoy muy vieja para esas cosas”.